El consuelo

No debería ser un drama para mí.

En la cruz que dio muerte a Cristo,

en la filantropía y la espada  de Trajano,

en la castidad del hidalgo que se armó caballero, 

en el vientre de Carlota ante el cadáver de su amante suicida, 

en los talismanes de un escritor argentino ciego,

en la ardua laboriosidad que se impuso Tesla,

en un tío abuelo mío que volvió de las trincheras enloquecido,

en los niños por su propio hambre devorados,

en la metralla o el plutonio que arrasa primaveras,

en cualquier otra circunstancia o cosa que lo niegue

nunca estuvo o estará.

Por eso ya acepté

que no llorará por mis siete duros años en Ogigia,

que no consolará a su madre y mi esposa,

que no buscará noticias de mí en Pilos ni Esparta,

y que a mi lado su espada no exterminará pretendientes.

Porque no es un drama

que lo que no fue ni será en mis días

me reproche su orfandad en mitad de la noche.

30 de mayo de 2024

David Galán Parro

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