El insulto reaccionario

Paseo junto a un amigo y nos tropezamos con un conocido de él. Con su talante natural mi amigo inicia conversación. Apenas hace un breve comentario que trasluce su posición de hombre de izquierdas y su interlocutor, de derechas, lanza de forma desaforada un insulto hacia el actual presidente del gobierno. A la vista está que será difícil un mínimo intercambio de ideas. Mi amigo dice sin entrar en debate: «No vamos en el mismo barco» y el otro le responde: «Afortunadamente». Nos alejamos y un resabio queda en nuestro ánimo. Pasar cerca en barcos contrarios para nada implica empezar a cañonazos. 

El exabrupto es reflejo del clima de confrontación política que vivimos en el país, donde principalmente el discurso de derechas se ha extremado hasta el punto de no dar argumentos. Este discurso ya avanza y comienza a ser aceptado en la calle, esta obscenamente en boca de muchos, y se afianza sin remisión. Es la voz del pensamiento reaccionario que copa todos los ámbitos de la vida y los destempla. Es la voz quizás de un inminente fascismo. Mi amigo me dice: «Soy excesivamente conciliador, pero eso se acabó» Siento entonces que es el momento de hablar, de no callar, de no transigir con la más mínima irracionalidad, aunque tengamos que sacar nuestros más débiles argumentos. 

En una guerra con metralletas, hasta un puñal también es necesario.

3 de mayo de 2024

David Galán Parro

Deja un comentario