La percepción es lo que aporta mayor riqueza y viveza a la conciencia.
Ver, tocar oír, oler, saborear son actos que nos proporcionan múltiples y diversas determinaciones del mundo exterior.
En el nivel de la representación se anula una importante parte de esta riqueza y viveza. Representarse, recordar, imaginar o soñar son actos que partiendo de los anteriores actos perceptivos hacen abstracción de muchas de las determinaciones que ellos nos aportan.
Finalmente, en el nivel del concepto o del pensamiento o del lenguaje (aquí los tres son equivalentes) se hace una abstracción mayor de aquellas determinaciones.
El hombre con los conceptos elaborados, es decir, habiendo transitado el ciclo percepción, representación y concepto, debe volver con su concepto a la percepción, para percibir el mundo con él y para ahora, corregirlo y enriquecerlo. Así una y otra vez. El ciclo dura la vida del hombre. El ciclo es infinito para la especie humana.
Si alguien no hace vida exterior, vida perceptiva, el concepto no se renueva. La etapa de la percepción es siempre el punto de partida de la renovación del concepto.
NOTA: Las reflexiones en las que se basa esta sección son fruto del trabajo intelectual de Francisco Umpiérrez Sánchez.