¿Qué nos ata?

Muchas veces uno se mantiene dentro de una relación por motivos que puede muy bien no sospechar. Entre ellos yo adivino al menos tres.

El primero, una necesidad casi congénita de sentirse querido para rehuir la soledad.

El segundo, una obligación moral impuesta por la tradición, diría yo, católica. El abandono de alguien presupone casi la deslealtad o el daño al prójimo.

El tercero, la concepción de que el dolor (como el que nos procura la ruptura) no debe ser parte de la vida y por ello todo dolor evitado hace nuestra vida más placentera. Pero Oscar Wilde decía por boca de su Príncipe Feliz que el placer no es igual a la felicidad.

12 de abril de 2024

David Galán Parro

Deja un comentario