Ya comprendí que para amar, para lo que se dice amar, debemos aceptar las pequeñas cobardías que jalonan el presente del ser amado, porque todos las tenemos, más privadas que públicas. Tal vez en esta aceptación, en esta espera, nos sintamos derrotados, o cansados, o traicionados, o sumidos en un fango compartido que no nos beneficia.
Nadie dijo que amar fuera fácil.
Quien no contemple con claridad lo antes dicho, no amará nunca, simplemente estará ajustando experiencias ajenas a sus propias teorías morales para con ello justificar y salvar, del peso de su conciencia, su propia experiencia de vida.
12 de abril de 2024
David Galán Parro