Mitología griega para niños (1): Caribdis y Escila

Los aqueos iban remando en el barco cuando vieron a lo lejos dos enormes riscos, uno frente a otro. Tenían que pasar por el medio de los dos aunque por ahí el mar se estrechaba tanto que los barcos podían chocar contra las rocas de uno o de otro lado. El paso se llamaba el estrecho de Mesina.

—Va a ser muy difícil pasar por el medio —dijo Odiseo, el jefe de todos.

—No creo que sea como dices, Odiseo. Somos buenos remando y sabemos dirigir bien la nave. No chocaremos —dijo confiado uno de los remeros.

Pero Odiseo sabía bien porqué era difícil. En cada uno de los riscos algo terrorífico les esperaba; algo que solo Odiseo conocía y no quería contar para que sus hombres no se acobardaran antes de enfrentar el peligro real.

Cuando se acercaron a uno de los riscos un marinero gritó asustado:

—¿Qué es eso?

Todos miraron a donde señalaba y vieron un remolino enorme en el agua; de su centro salía una columna de humo. 

—¡Cuidado, compañeros! Es Caribdis —dijo Odiseo—. Antes era una ninfa, pero Zeus, padre y rey de dioses, la convirtió en el remolino que veis. Si pasamos muy al lado de ella nos tragará y moriremos ahogados.

Los remeros soltaron los remos y se escondieron asustados en la bodega, pero Odiseo les ordenó:

—¡Vuelvan a coger los remos! ¡La nave está descontrolada y se dirige hacia el remolino!

Los remeros volvieron y remando se esforzaron por controlar el barco.

Entonces de repente se escuchó un aullido débil, como de un cachorro de perro, y todos los marineros enmudecieron. Otro marinero, señalando al risco de enfrente, gritó:

—¡Por Zeus! ¿Qué es eso que se ve allí?

Todos miraron aterrorizados hacia donde señalaba. En el borde del otro risco había una mujer gigante con las piernas convertidas en seis feroces perros hambrientos. El cuerpo de cada uno de ellos salía de debajo de la cintura de la mujer y se sostenía solo con las patas delanteras. Los aullidos venían de la boca de ella y sus perros, desde la roca estiraban sus largos cuellos acercando los hocicos a la borda del barco para atrapar a los marineros.

—¡Cuidado, compañeros! Es Escila —dijo Odiseo—. Era también una bella ninfa, pero Circe, la hechicera, la convirtió en el monstruo que veis, porque estaba celosa de ella. Si nos acercamos sus perros nos morderán y moriremos devorados.

Los dos monstruos, al igual que los riscos, estaban tan cerca entre sí que Odiseo comprendió que era imposible salvarse de los dos a la vez. Tenía que elegir a cuál de ellos acercarse para salvar a la mayoría de sus hombres. Entonces pensó: «El monstruo más peligroso es sin duda Caribdis, pues la fuerza de su remolino lo traga todo y hundirá el barco con todos nosotros dentro. No se salvará nadie» 

Entonces Odiseo gritó a sus hombres: 

—Lleven la nave hacia Escila y cúbranse si pueden con los escudos para que no les muerdan sus perros hambrientos —y lo decía sabiendo que seis de ellos iban a morir devorados; uno por cada perro.

Y así fue. El barco pasó cerca de Escila y cada uno de los seis perros atrapó con sus fauces a un remero, tal como había previsto Odiseo.

-Sigan remando con fuerza y no miren atrás. Estamos pasando el peligro -les volvió a gritar a sus hombres para darles ánimo.

Pero en verdad iba pensando: «¡Qué pena! No he podido salvarlos a todos. Sin embargo, gracias al sacrificio de seis remeros nos hemos salvado los demás. Juro que siempre me acordaré de esos seis, por haber sido tan valientes». 

David Galán Parro

11 de abril de 2024 

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