He procedido a adaptar el final de esta hermosa fábula popular china con dos objetivos:
1) Para hacer la fábula más amable para los sentimientos de los niños y niñas;
2) y para poder después crear un nuevo relato aún más libre que con ese final se adecue mejor al tema que he elegido para la confección del mismo.
El asno de Kuichú (*)
Nunca se había visto un asno en en el pueblo de Kuichú, hasta el día en que un hombre rico al que le gustaban las cosas raras, mandó que le trajeran uno por barco. Pero como no supo en qué utilizarlo, lo soltó en las montañas.
Un tigre, al ver a tan extraña criatura, sintió miedo porque pensaba que era un dios. Lo observó escondido en el bosque, hasta que se atrevió a abandonar la selva, donde vivía, para vigilarlo siempre a una cuidadosa distancia.
Un día el asno rebuznó largamente y el tigre echó a correr espantado. Pero se volvió y pensó que, a pesar de todo, ese dios no debía de ser tan terrible. Ya acostumbrado al rebuzno del asno, se le fue acercando, pero sin arriesgarse más de la cuenta.
Cuando ya le tomó confianza, comenzó a molestarle, rugiéndole, rozándolo, dándole algún empujón, así hasta que el asno, furioso, le propinó una coz. “¿Y eso es todo lo que sabe hacer para defenderse?”, se dijo el tigre. Y saltó sobre el asno para comérselo. Pero justo cuando iba a caer sobre él un cazador que pasaba por allí disparó al tigre y evitó la muerte del inocente asno.
Ten cuidado de mostrar toda tu fuerza al enemigo; puede aprovecharlo para hacerte daño.
(*) Adaptación de un cuento popular chino de David Galán Parro