La paloma y la hormiga (versión original)
Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial; arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.
Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.
Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Lo vio la hormiga y lo picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.
Debemos ser agradecidos y devolver los favores que recibimos.
Esopo
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La paloma y la hormiga (versión 1)
Una paloma vio a una hormiga que se ahogaba en un arroyo arrastrada por la corriente. Entonces subiéndose a la rama de un árbol que estaba en la orilla dejó caer una hoja al agua. La hormiga se aferró a ella como un náufrago y se salvó.
A los pocos días un cazador apuntaba con una escopeta a la paloma para darle caza. La hormiga viendo la situación entró en el zapato del hombre y le picó en el pie haciéndole perder el tiro. La paloma tuvo tiempo de remontar el vuelo y salvarse.
Es de agradecido devolver los favores recibidos.
David Galán Parro
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La paloma y la hormiga (versión 2)
Se ahogaba. Las turbulentas aguas del arroyo le arrastraban. Iba a morir. Su cabecita negra con antenas emergía intermitentemente entre las pequeñas olas, grandes sin embargo para ella, la hormiga. Era en esos momentos cuando alcanzaba a respirar un poco y volvía a tener la esperanza de salir con vida. Pero la corriente implacable le sumía una y otra vez hacia el fondo cenagoso. De repente vio encaramada a la rama de un árbol inclinado sobre el agua a una paloma que le observaba en su lucha por sobrevivir. Entonces ésta zarandeó una hoja del árbol y la dejó caer al lado de dónde ella se debatía. Se aferró a la hoja como náufrago a una balsa ¡Qué renovadas le parecieron las gruesas nervaduras de su carne verde por las que siempre transitó! La hoja fue empujada por el torrente hasta un remanso y allí tocó la orilla. Al pisar tierra firme la hormiga se desmoronó desmadejada quedándose boca arriba con sus negras patitas apuntando al cielo que ahora le parecía de un azul intenso como nunca había contemplado. Estaba milagrosamente a salvo. A salvo por la gracia de una desconocida: la paloma.
A los pocos días regresaba hacia el hormiguero acarreando un pedacito de una araña que había capturado junto a sus compañeras cuando vio escondido en un matorral a un hombre que apuntaba con su escopeta hacia la copa de un árbol ¿A qué apuntaría? Su curiosidad escrutadora entrevió entre el follaje a la blanca paloma que días atrás le había salvado la vida. Estaba a punto de ser derribada por el fuego mortal del cazador. Entonces la hormiga corriendo hacia el zapato del hombre se escurrió en él, y dando con su talón lo mordió con todas sus fuerzas. El cazador soltó un alarido, trastabilló con una piedra y en la caída se le disparó el fusil extraviando la bala hacia ningún blanco preciso. Cuando se vino a incorporar, la paloma ya había remontado el vuelo y huido.
Así le devolvió la hormiga el favor a la paloma.
Agradece mejor con acciones que con palabras los favores recibidos.
David Galán Parro