El hoyo

Contemplaba la piel constelada del firmamento y se sintió embargado por la oscuridad en la que presuponía todo el universo contenido. Tenía que recorrer y conocer los rincones profundos de ese universo que le regalara su dios. Este imperativo moral que llevaba a fuego en su mente le obligaba al pago por el regalo recibido. Pero como no podía saldar la deuda se sintió empequeñecido y cada vez más aplastado. Así que no le quedó más remedio que buscar un estrecho agujero luminoso por el que escapar. No sería ni el primero ni el último en tomar ese plan de fuga. Agujero blanco lo llamaban.

Y lo encontró.

Al salir por él se vio frente a algo que no tenía nombre. Era una inmensa masa de agua y a lo lejos una linea horizontal perfecta. Una sola estrella iluminaba todo el lugar a la vez que punzaba con su luz, sus ojos desacostumbrados. Las formas aún eran vagas.

Entonces sintió una mullida superficie bajo sus pies. Miró hacia abajo y vio a un lado el hoyo por el que saliera, con su diminuta tiniebla reclamándole. 

Era en verdad casi un inapreciable detalle en el conjunto del nuevo paraje.

20 de enero de 2024

David Galán Parro

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