La ingenuidad del novillo

Un novillo salvaje capturado en el monte fue puesto en venta en el mercado del pueblo. Un criador al verlo quedó impresionado por su buen aspecto y no dudó en comprarlo pese a que entregaba una suma de dinero gravosa para sus cuentas: entre otras cosas preveía en él una buena pieza semental con la que aumentar la calidad de su ganado.

Pronto se le reservó un establo con su parcela exclusiva en la que se dejaba ver a ratos causando la admiración de los que se acercaban a la valla. Como esto se hizo frecuente se volvió una atracción para los curiosos y un filón más para el criador.

Durante el siguiente año todos los favores le fueron dados de modo que creció solazándose en la parcela, comiendo el mejor pienso y esperando los agradables momentos en que cubría amorosamente a las vacas, todas ellas, madres de los que serían después sus innumerables becerros. Esta cómoda vida lo convirtió en un toro algo engreído.

Un día, tras una acalorada discusión entre su propietario y otro criador fue trasladado a una granja más amplia junto a otros siete toros también del lugar. Allí, alguien que lo examinó corroboró su excelencia como pieza de lidia para las corridas que empezarían en poco.

No concebir intereses contrarios a nuestra voluntad detrás de los favores que nos hacen

denota una visión muy ingenua de la vida.

5 de enero de 2023

David Galán Parro

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