Amor, hay días que se adentra en mí el páramo y en él me pierdo. Un nimbo gris lo aplasta y es difícil respirar su aire gélido sin que el pecho reclame el llanto.
No me busques entonces. Sé que es doloroso y te culpas. No eres tú. No soy yo. Es lo que también nos trajo esta dicha de amarnos.
No hagas preguntas: solo quedará mi cuerpo suspendido a merced del movimiento de la materia para dar respuestas tan convincentes y falsas como cuando la carne esté ahí vencida incapaz de atestiguar nuestra muerte. Con ellas, sólo pretendo hacerte llevadera mi cercana ausencia y hacerte creer que las verdades me han sido develadas.
Mientras, por favor, espera a que vuelva y me reintegre a ese río que nos lleva y que nunca es el mismo. No concibo el día en que no te encuentre a mi vuelta. En el fondo del más acérrimo nómada existe una inconfesada sed de hogar.
Por eso amor mío, espérame que yo sólo habré ido a buscar al páramo la savia que regenera el impulso de mis horas contigo.
4 de enero de 2023
David Galán Parro