Es alguien de rutina, de hábitos.
Sabe bien que cada acción cotidiana, al acontecer por vez primera, inaugura la serie de su repetición, el hábito; y que la agrupación inamovible y repetida de los hábitos es, a su vez, la rutina. Lo sabe.
Es alguien sin nuevas iniciativas.
Sabe bien que en la repetición de cada una de sus acciones cotidianas, en la rutina plena que al fin deviene, encuentra su seguridad, encuentra su refugio frente a las eventualidades de la vida. Se parapeta tras ella rehuyendo toda nueva iniciativa y deja que el tiempo pase, creyéndose a salvo. Tiene miedo a que las eventualidades rompan el cerco y ha perdido la capacidad de improvisar soluciones por lo cual un halo de inutilidad lo acompaña. Nada nuevo le acontece. Siente la quietud. La rutina lo hunde, lo agota, le aterroriza y le succiona sus fuerzas vitales. Le falta el aire limpio del riesgo, del más mínimo riesgo. Muere en vida y lo sabe.
Es alguien consciente de ser quien es. Ahora escribe para no olvidar nunca su naturaleza amedrentada.
Es también una áspera confesión: ese alguien soy yo.
David Galán Parro
3 de enero de 2023