Sobre la libertad de expresión en el arte

Ante todo dar las gracias a mi amigo Francisco Umpiérrez Sánchez por el esfuerzo de crear el trabajo titulado Escritor, narrador y ficción, por prestarme siempre su atención y orientarme tan desinteresadamente en mi profesión y actividades literarias. Es una suerte y un privilegio contar con su preparación intelectual de años.

Quiero puntualizar varias cuestiones a la luz del trabajo y disentir. Trataré de corresponderle al menos en ese esfuerzo que puso. Creo que su trabajo abre necesarios debates en torno al contenido ético del arte y al ejercicio de la libertad de expresión en el arte.

Francisco Umpiérrez dice: «Ayer tuve una discusión acalorada con un amigo que se dedica a la literatura. La base de la discusión estribó en que yo le manifesté que me parecía ideológicamente incorrecto que empleara la palabra “bollera”. Él insistía en su libertad y derecho en emplear esa palabra. Creo que no está al tanto de los rasgos esenciales del mundo de hoy. El movimiento feminista en España ha trasladado la lucha feminista al uso del lenguaje. Y creo que es un acierto.» 

Frente al uso de palabras no adecuadas yo creo que hay que mirar hacia la totalidad de la obra y la intención del autor. En mi relato Pigmea el empleo de la palabra «bollera» no creo que sea ideológicamente incorrecto dada la totalidad del relato y la intención de su uso. Su empleo está determinado no por una concepción homófoba del escritor, sino por una concepción homófoba de un grupo de personajes en el que el mismo personaje narrador aparece inmerso y determinado. El entorno social es de carácter rural aislado y en una España de hace veinticinco años. Los personajes protagonistas de esa historia, dos chicas jóvenes, quedan enfrentados y deben sobrevivir psicológicamente al medio machista, homófobo y clasista. En la historia el rol anticuado y castrante atribuido a la mujer queda en entredicho con el comportamiento de ambas. La historia toca el tema de la lucha y la liberación de la mujer en relación a los roles impuestos de modo que el propio relato se descubre con una marcada intención y temática feminista. Este es el contexto en que queda empleada esa palabra y su uso es necesario para la consecución y coherencia interna de la historia y su ajuste al tema.

Que un artista esté o no al tanto de los rasgos esenciales de los movimientos políticos queda dentro de su responsabilidad y de sus valores. Estoy de acuerdo en que no hacerlo evidencia pobreza cultural y falta de compromiso por el avance social en todas sus formas. Descuidar esta faceta de sí mismo hace de un escritor, un artista que no aporta nada a dicho avance.

Francisco Umpiérrez dice: «Este es el primer error de mi amigo: Sitúa al escritor y a sus productos literarios en el mismo plano ontológico: el de la existencia. Pero esto no es así. Los productos literarios carecen de existencia propia: solo son signos lingüísticos, trazos de tinta carentes de cuerpo y, por consiguiente, carentes de vida propia.» 

Pienso que el escritor y sus personajes tienen existencia. Tal vez me equivoque pero yo entiendo que el primero en el mundo material y el segundo en el mundo ideal. Existe Cervantes y existe Don Quijote. Don Quijote es un producto literario de Cervantes. Cervantes existe en el plano material y Don Quijote, en el ideal. Cómo cobre existencia este último no me cabe saberlo, pero entiendo que existe idealmente en la conciencia de millones de personas. Basta que le pregunte a alguien desconocido si conoce de su existencia y creo que me responderá afirmativamente. El hecho que la existencia del personaje dependa de un sujeto que se lo represente no creo que nos lleve a considerar que no pueda tener existencia. Quiero decir, no creo que sea condición de inexistencia el hecho de que la existencia se de por medio de otro.

Tampoco termino de entender esta afirmación y por ello no estoy de acuerdo: «El personaje que hace de narrador es obra del escritor. Es el escritor quien decide cómo narra la historia el personaje y qué lenguaje emplea. Afirmar que el personaje es independiente de él es una falsedad.» Que el personaje sea obra del escritor no implica que el escritor tenga que narrar la historia sin contar con el personaje. Si yo doy muerte a un personaje en la historia, no puedo hacerlo aparecer después sin explicar el hecho de su  reaparición. Lo mismo para la cuestión de cómo se expresa el personaje, sea este personaje narrador o no dentro de la historia. Entiendo que uno valore lo que incluye en la forma de expresarse de los personajes, si quiere darles «independencia» o no. Yo creo que es una decisión estética y ética.

Francisco Umpiérrez dice: «Si el personaje emplea un lenguaje homófobo es responsabilidad del escritor» 

Con esta afirmación no estoy de acuerdo. Yo soy el creador del personaje pero no responsable de su comportamiento ético dentro de la historia. De lo que sí puedo ser responsable es de mi comportamiento ético en relación al propósito creativo de la obra y de mi ejercicio injustificado del derecho a la libertad de expresión. Esto es, si yo estoy tratando un tema socialmente delicado debo hacerlo con responsabilidad y en esta responsabilidad entiendo que cuenta fundamentalmente el propósito creativo conforme a un fin y la justificación de la forma de expresarme.

A mi entender estos son límites necesarios y por consiguiente a considerar.

David Galán Parro

30 de diciembre de 2023

Deja un comentario