Un caracol de mar se asoleaba sobre una piedra musgosa. De repente una gaviota hambrienta apareció e intentó comerle. El caracol que escapó a tiempo del ataque escondiéndose en su propia concha perdió uno de sus tentáculos de modo que quedó tuerto. A partir de aquello el caracol se encerró en su concha lleno de miedo.
Unos días después un cangrejo amigo que se dio cuenta de lo que pasaba le dijo:
-¡Caracol! No dejes de hacer vida normal pese a tu miedo. Tu actitud te perjudica. Debes al menos salir a buscar tu sustento.
Pero el caracol que lo escuchaba dentro sin decir nada no hizo caso del consejo y al cabo de un tiempo murió de hambre.
Si escapaste de una desgracia, lucha para que luego su trauma no te destruya.
David Galán Parro
18 diciembre de 2023