La lealtad del escudero

Sobre ellos la tempestad de estacas enfurecidas, menudeando sus espaldas, la una criada entre sinafabas y holandas, la otra más hecha a cielo nublado y lluvia.

Poco antes, el igual agravio al rocín elevado a condición humana por su locura pide la venganza y para esa venganza echa mano el caballero andante de su espada y de la lealtad inequívoca de su escudero. No se saldrán con la suya esos veinte arrieros gallegos, gente soez, baja ralea, cuyo número efectivo no se computa mayor que el de su ciego valor, dicen sus palabras previas a la carga. De nada servirán las juiciosas razones del escudero que pese a ver en su amo el desatino del inminente lance también arremete incitado y movido por su ejemplo valeroso.

La perfecta lealtad ya va socavando el natural carácter sosegado del escudero; ya, depositando las primeras trazas del amo en su ánimo; ya. el ideal de valor sobrepujando sobre su sentido común para fustigarlo.

David Galán Parro

3 de diciembre de 2023

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