El lector incrédulo

Extraviado al fin el juicio daba crédito a cuántas aventuras fantásticas de valerosos caballeros andantes se historiaban en las miles de hojas de su biblioteca desaforada cuya forma primera fue tierra seca y soledades y que para concluir su transfiguración necesitó de esa cosa harto repetida que es el dinero. En aquel extravío anidaba su juicio crítico intacto; juicio que daba por fehacientes los hechos narrados, pero no así la acomodación de la narración al hecho.

De esta manera en el loco se encontraba el lector que descree de la voz altisonante de los narradores que lleva a contradicción realidad y literatura. Y así, no le era verosímil a su entendimiento crítico la piel inmaculada e indemne del héroe don Belianís tras dar su pecho y brazo valeroso a la resolución de los más injustos agravios; y sí, en cambio, una piel lacerada, irreparable para la ciencia médica de entonces, en la que los costurones testimoniarían sus encarnizadas peleas pasadas. Pese a estas consideraciones, no dejaba de admirar al autor de aquel libro inacabado cuya infinitud le impelía a tomar la pluma además de la espada.

La locura no deja de ser la casa donde puede habitar la más certera y exigente cordura.

David Galán Parro

28 de septiembre de 2023

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