Sobre el género literario

En mi relato «El interrogatorio«, un lector amigo me dijo un día que le había gustado pero que para él, el final adolecía de cierta previsibilidad y tal vez esa apreciación sea justa y necesite el relato de una reforma satisfactoria. Según él el relato podría haber funcionado muy bien como relato distópico.

La cuestión es que el relato se articula en dos escenas: Una primera en la que se establece un diálogo entre un interrogador y el interrogado con poca presencia del narrador omnisciente y una segunda en la que se establece otro diálogo entre un hombre y su mujer con mucha presencia del narrador omnisciente.

En el inicio de la segunda escena el hombre, que resulta ser el interrogado de la primera, se despierta azorado y convulso. Este hecho provoca los siguientes efectos que podamos descubrir en el conjunto del relato.

1) Aparecen dos espacios: el sueño y la vigilia.

2) Se produce un cambio de género en el relato: pasamos del relato distópico al relato realista.

3) Y se establecen dos cierres finales puesto que considerando el relato hasta cada uno de ellos, el relato en sí constituye una historia acabada.

En cuánto al segundo punto decir que finalmente rige el cierre final definitivo en la determinación del género del relato: pese a que contiene una historia distópica en su conjunto es de género realista.

¿Pero qué lo hace en última instancia que en su conjunto sea de género realista? El espacio de la segunda escena, la vigilia, que rige como realidad real frente a la realidad ideal del sueño.

La vigilia como marco espacial en una historia se impone generalmente al sueño.

¿Pero por qué esto es así? Porque la representación, la obra literaria, esta determinada por la ley que rige en la realidad representada, la vida; y esta ley nos dice que en la vida la vigilia, como realidad real se impone finalmente a la realidad ideal para la que es sustrato, el sueño.

12 de julio de 2023

David Galán Parro

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