Las ilusiones de la conciencia

Les trascribo una pequeña cita que encontré al final del prólogo de La ideología alemana de Karl Marx: 

“Un hombre listo dio una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar de la idea de la gravedad. Tan pronto como se quitasen esta idea de la cabeza quedarían sustraídos al peligro de ahogarse. Ese hombre se pasó toda la vida luchando contra la ilusión de la gravedad, de cuyas nocivas consecuencias le aportaban nuevas y abundantes pruebas todas las estadísticas.”

Esta cita me trae a la memoria todos aquellos teóricos, ideólogos y filósofos que viven instalados en el reino del pensamiento puro. Creen que todo lo pueden encontrar mirando dentro de su conciencia donde habitan las ideas, los pensamientos y los conceptos. En ella buscan la esencia humana, creyendo que es inherente a cada individuo, que se mantiene socialmente intacta a lo largo de la historia como una simple suma de conciencias de hombres aislados, abstractos y mudos. Por ello, consideran que todas las relaciones que se manifiestan en la sociedad humana y las leyes que las rigen son productos de esta conciencia y que, por lo tanto, para cambiar el mundo basta con cambiar las ideas, los pensamientos y los conceptos que conforman dicha conciencia.

Así, los hombres listos han dado en pensar, y continuamente nos lo hacen ver, que la existencia del reino de las necesidades básicas insatisfechas, es decir, de la pobreza, es un producto de la conciencia que determina la esencia humana inherente al hombre, y de cuyas nocivas consecuencias nos aportan cada día las abundantes estadísticas que nos ofrecen los medios de comunicación. El ser humano, dicen, es por naturaleza individualista, desconfiado, busca su propia supervivencia y bienestar, es egoísta, insolidario, manifiesta un ansia de poder y un deseo insaciable de acumular riqueza, y que este propósito justifica todos los medios, incluso el uso de la violencia. Y concluyen que tan pronto como se quitasen de la cabeza estas determinaciones inherentes a la esencia humana quedaría resuelto el problema de la pobreza y sus fatales y dramáticas consecuencias.

Por todo ello, continúan diciéndonos estos hombres listos: Para acabar con la pobreza basta crear al hombre nuevo. Cambiemos su conciencia y su esencia humana. Hagamos del ser humano un ser social, no individualista, solidario, generoso, pacifista, que no pretenda acumular más riqueza de lo estrictamente necesario para tener todas sus necesidades satisfechas y cuyo excedente social sea distribuido de manera más justa y equitativa entre todos los seres humanos que pueblan la tierra.

Qué duda cabe: son bellas palabras que cualquier hombre de buen corazón harían suyas. Sin embargo, las ideas residen en la conciencia; las leyes, no. Las leyes existen y rigen en el mundo exterior, tanto natural como social. Y, por ello, para transformar el mundo no basta con modificar las conciencias sino las leyes que lo rigen y gobiernan. La gravedad no debe su existencia a la idea de esta dentro de la conciencia humana, sino que tiene lugar en el mundo exterior en forma de ley. De la misma forma, las injusticias sociales, incluida la pobreza, no deben su existencia a las ideas que conforma la conciencia humana en un momento histórico determinado, sino a las leyes políticas, sociales y económicas que rigen dicha sociedad. Por ello, y como conclusión final, debemos tener siempre presente que si pretendemos realizar un verdadero y radical cambio social debemos modificar las leyes que rigen las relaciones económicas de nuestra actual sociedad donde predomina el modo de producción capitalista. Es el ser social el que determina y modifica la conciencia y no al revés.

7 de julio de 2023

Ramón Galán González

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