En el discurso político es necesario utilizar las palabras con rigor y precisión en correspondencia al contenido que significan. Si no el discurso político se pervierte y no se habla con verdad. Se añade a esto una agresividad innecesaria en la forma en que se expresan las ideas y esto hace repulsivo y excluyente el discurso.
Un ejemplo: Muchos representantes de izquierda llaman «fascistas» a dirigentes de extrema derecha y muchos representantes de derecha llaman feminazis a las representantes del feminismo extremista vinculado a la izquierda extremista ¿Tienen estos representantes de izquierda y de derecha un concepto claro de lo que fue y es el fascismo? ¿Han pensado estos representantes de izquierda y de derecha lo que significó históricamente el fascismo (y el nazismo como una de sus formas particulares) para la humanidad? Los 80 o 100 millones de personas masacradas en la Segunda Guerra Mundial responden a esta última pregunta. Hay que hablar de fascismo y nazismo en nuestra actualidad con arreglo a las consecuencias reales de la actividad política de estos grupos extremistas. Y las consecuencias de su actividad a día de hoy están muy lejos de tener relación directa con esas espantosas cifras de muertos.
El discurso en que se incluyen indiscriminadamente estas categorías es irracional, obsceno e intolerable para aquel quiera encontrar un contenido histórico verdadero en cualquier discurso político que se precie.
30 de junio de 2023
David Galán Parro