
La Luna tiene varias formas. Veo el hecho y pienso: «Varias formas. Ser multiforme, la Luna.»
La Luna tiene luz propia. Veo el hecho y vuelvo a pensar: «Luz propia. Ser luminoso, la Luna.»
La Luna tiene compañía en las pequeñas estrellas. Veo el hecho y también pienso: «Compañía en las estrellas. Ser acompañado, la Luna.»
Eso es lo que ve, piensa y atribuye el niño que habita aún dentro de mi a su vieja amiga de viaje: multiforme, luminosa y acompañada.
Bello mundo de los objetos sensibles, de las apariencias, de la práctica perceptiva que nos engaña y que nos da otro rico mundo de representaciones internas ¡A él no quiero renunciar!
Luna aparentemente multiforme gracias a la sombra que le da la Tierra.
Luna aparentemente luminosa gracias a la luz que le presta el Sol.
Luna aparentemente acompañada gracias a la luz viajera de las estrellas que se allega a través del espacio para no dejarla en soledad.
Y por eso, quitando el velo de las apariencias, quedas tristemente desnuda, Luna, por el gris concepto que persigue tu esencia y los atributos de tu esencia: Luna uniforme, oscura y solitaria.
¡Amor mío, quiéreme entonces como la Luna que habita en el niño que todavía habita en mi!
David Galán Parro
21 de marzo