
¡Cómo duele la lluvia cuando no llegas!
Duele su sonido sobre las cosas
y el olor que nos allega de ellas;
duele su beso helado
su milenaria condición
de elemento salvaje y cósmico;
Trae la lluvia cíclicamente
esta inevitable sensación de abandono;
esta muerte prematura de mi esperanza,
acompañándome y repitiéndose,
a través de mi vieja carne revivida…
vieja y revivida como la lluvia.
David Galán Parro
7 de diciembre de 2015