Ser productivo en Literatura

No soy experto en procedimientos para la creación literaria y no creo conveniente hablar sobre aquello que no sé, aunque se me antoja que el criterio general de estudiar y tener como referencia a los grandes maestros de la literatura debe ser acertado y de gran utilidad como apunta David Galán en su artículo “Procedimiento Creativo 1: La Reescritura

Sin embargo, sí me gustaría compartir con ustedes la reflexión relativa al párrafo inicial de dicho texto. Transcribo:

“Muchas veces me encuentro con el problema sobre qué escribir. No tengo historia, o si la tengo no puedo enfocarla hacia un tema. Otras veces no hay una idea definida sobre algo. No hay una posición frente a algo. Estoy perdido. La sensación de vacío me embarga. Me desespero y me frustro. Pero quiero y tengo que ser productivo. Tengo que llevar a cabo mi actividad y hacerla con un nivel mínimo de estímulo, de entusiasmo.”

La producción creativa literaria, o científica, no tiene su inicio en el acto de dotar de consistencia objetiva, bajo la forma de obra escrita, lo que habita en el pensamiento del artista. Este acto constituye la última fase de un proceso. Parafraseando a Francisco Umpiérrez antes de apuntar y disparar a un blanco, debemos llenar de flechas el carcaj. David Galán, de forma implícita, reconoce que hay momentos que carece de flechas y de blanco (No tengo historia, o si la tengo no puedo enfocarla hacia un tema). Debemos, pues, admitir que tener “historias” y “temas” constituye una de las fases necesarias de la producción literaria y que esta actividad no consiste solamente en el hecho de escribir. En otras palabras: un escritor no puede reducir su actividad productiva al acto mismo de escribir.

Pero las “historias” y los “temas” no flotan en el aire esperando a ser rescatadas por las musas que supuestamente rigen la inspiración artística del literato. Las “historias”, los “escenarios” y los “temas” nacieron, o están presentes, en la vida, en el mundo, en la historia de la humanidad y el escritor debe ir a la búsqueda de estos elementos que constituirán la materia prima de su producción literaria.

Para lograr tal fin, es necesario que el artista se sumerja en la vida práctica, se llene de experiencia sensible mediante la participación de los órganos de los sentidos, tanto los teóricos como los prácticos, desarrollar la capacidad de percibir el mundo que le rodea, educando su visión, acomodándola a las distintas intensidades de luz, color y líneas que la naturaleza le ofrece. Debe aprender a interpretar miradas y rostros humanos. Escuchar risas, llantos, anhelos, desesperanzas, dichos y hechos, relatos de otras vidas y otros tiempos. Debe aprender a estremecerse junto con otros hombres y mujeres, participando de manera colectiva en la vida social. Visitar puertos, fábricas, parques, mercados, teatros, hospitales, abrir su vida a otros pueblos, a otras razas, a otras culturas. Debe, luego, aprender a digerir todos estos alimentos e ir a la búsqueda de aquello que representa lo universal y esencial para la vida humana.

Tiene que ser un hombre o mujer de su tiempo, que nada que suceda en el mundo le resulte extraño, desconocido o ajeno. Debe aprender a hundir sus raíces en la cultura de la cual procede. Indagar en la historia del ser humano en tanto ser humano. Beber de las fuentes de los grandes maestros. Sin el carcaj lleno de flechas, ningún escritor podrá disparar a blanco alguno. 

Finalmente, debe aprender a tensar y manejar el arco, esto es, utilizar con maestría sus materiales, siguiendo el movimiento interior de sus facultades armónicamente cultivadas. De esta manera, la última fase, la que proporciona la existencia propia al texto literario, será tanto una consecuencia como una necesidad que nace  e impulsa al escritor a elaborar el producto final.

Sin estas premisas, siempre existirá el problema sobre el qué escribir, faltarán historias, temas, ideas definidas. El artista se sentirá perdido, vacio, lleno de desesperanza y frustración, falto de estímulo y entusiasmo.

Llenémonos de vida antes de llevar a cabo el acto de crear.

David Galán, me consta,  tiene toda una vida por delante, sensibilidad y maestría.

Ramón Galán.

Abril. 2023

Un comentario en “Ser productivo en Literatura

  1. Lo que yo no comparto del texto de David porque no es mi forma de sentir y vivir:

    Esto dice David: «Pero quiero y tengo que ser productivo. Tengo que llevar a cabo mi actividad y hacerla con un nivel mínimo de estímulo, de entusiasmo».

    Yo soy más de este credo: hoy escribo y mañana no lo hago. ¿Por qué? No doy razones. Hoy escribo motivado y mañana lo hago desganado. Nunca pongo una causa fuera de mí que me obligue, en el ámbito del trabajo no forzado, a hacer las cosas. Puedo decidir no hacer nada o puedo dejarme ir. Ya me dirá lo que ocurre fuera de mi qué hacer y cuándo hacerlo. De momento no espero ni desespero, sencillamente hago otras cosas. Mi vida no es mi mente.

    Francisco Umpiérrez Sánchez

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