Amor clandestino

Nuestro amor es clandestino. Se amasa en las sombras que bordean la claridad indiscreta donde habitan ojos y bocas ajenas. Es celoso de su ámbito, porque sabe que no echa raíces allá donde se le pide cuentas. De momento no dará explicaciones.

Para que sea clandestino, libre en la penumbra, nosotros actuamos en consecuencia evitando las elementales señales: miradas, caricias, abrazos y besos, de manera que bajo la luz pública nos contemplan como los de antaño, como aquellos que se tropezaron y pasaron de largo: cordiales compañeros, recatados amigos.

¿Quién nos iba a decir que en esa condición clandestina de nuestro amor se iban a solapar los dos momentos de su desenvolvimiento: su ser en potencia y, este de ahora, su ser en acto? ¿Quién nos iba a decir que disfrazaríamos con el primero, al segundo? ¿Quién nos iba a decir que nos depararía dolor su abrupto trasiego entre la sed y la saciedad?

No obstante y como sabes, tanto es el amor que nos hicimos fuertes para sobrellevar la pantomima de vivir a la vez en esos dos tiempos que, como nube y lluvia, semilla y árbol, principio y fin, rehuyen su contradicción externa, su monstruoso incesto.

David Galán Parro

7 de abril de 2023

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