Esclavizante complacencia

Estoy hastiado de los consejos ajenos, aquellos que no pido y que acepto falsamente por complacencia. 

«¿Por qué ellos tan solícitos en el auxilio?» me susurra la suspicacia.

Quiero creer que son ellos los que me asedian, me aprietan y me ahogan, pero es la complacencia quien dicta sumisión: en mi, este viejo equívoco de que es de la luna la luz de la luna. El miedo a no ser amado, a perder mis pocas amistades ciertas, a no contar entre y para las multitudes si reniego de esos consejos, colman el viejo vaso de esta esclavizante complacencia mía.

Ya empiezo a desdibujarme de nuevo, ya se me borra la voz, ya flaquea el yo quiero, ya se difumina el horizonte, ya se ciega el corazón: No me encuentro, me abandono, me pierdo.

Otra vez de vuelta las viejas preguntas: ¿Qué soy? ¿Qué quiero? ¿A dónde voy?

¡Sálvame de este miedo atroz a sentirme desnortado a la luz del día y a confesármelo en mitad de la noche…! 

¡Sálvame, Audacia…!

David Galán Parro

15 de marzo de 2023

Deja un comentario