El accidente numerado

Es tu cumpleaños, amor, una fecha que no importa, un número sin más, rememorando el accidente que no estuvo de tu mano y que inicia la cantidad finita de vueltas que diste orbitando alrededor del Sol. El cuándo y el porqué de aquel accidente de ti no emanan.

Es tu cumpleaños una cosa que no te representa.

Yo no celebro lo accidental: si la enfermedad o el hambre no te llevaron a destiempo; si las rigurosas leyes del hado no se cebaron sobre ti para hacerte presa de la desgracia. 

No.

Yo celebro lo que emana de ti, las decisiones y actos que te definen en ese número de vueltas que apuran tu viaje ahora por mi compartido; celebro el pasado que no he podido ver pero entreveo: cómo pese al miedo te levantaste del polvo en la derrota y cómo después te surgieron las poderosas alas que ahora te elevan. Yo celebro tu vuelo.

No me oirás en el coro de voces que te felicitan. Las veo frente a ti, espectáculo hermoso, como público domesticado, obligado a batir palmas por lo que dicta la indiferente costumbre. ¿Qué te felicitan? ¿Por qué lo hacen si no quieren conocerte? ¿Para su tranquilidad moral? ¿Para suplir la falta de arrojo y de compromiso real contigo? Aplausos desde el burladero, desde la retaguardia, los llamo yo.

No soy cómo ellos.

Yo me arranco al ruedo. Yo asalto los muros de tu fortaleza. Yo me aventuro hacia el centro inexpugnable de ese laberinto de espejos que te multiplica y te esconde, para desnudarte y tocar tu imagen de sangre, carne y huesos. 

Yo atravesaré la gruta para tumbar al dragón dormido y liberarte. Mi corazón palpitante es la carnaza con la que le daré muerte. 

Yo, hacia la comprensión absoluta de ti, como la humanidad entera en su firme laboriosidad hacia el dominio del universo.

25 de febrero de 2023

David Galán Parro

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