El veneno del escorpión

Regresé con el odio aferrado al corazón para consumar mi venganza.

Por los siglos de los siglos gracias, Crueldad Humana, por instruirme…

Aquí las cuerdas que aprisionarán tus muñecas cuando implores en vano clemencia. 

Aquí la estaca que horadará tu bajo vientre lleno de heces. 

Aquí el ácido que te salpicará el rostro perfecto hasta lo irreconocible.

Aquí el cuchillo que abrirá las bocas que vomiten tu sangre última.

Aquí la gasolina que prenderá hasta hacer de ti una aullante llama retorcida. 

Aquí, el costal de esparto que colmaré con tu carne calcinada y algunas piedras; aquí, las ciénagas por las que arrastraré su pétrea pesantez; aquí, el abismo de puente y aguas oscuras que lo engullirá hacia el lecho ciego del río.

Hasta aquí también, estas fraudulentas palabras que ansias venenosas en mi para que ellas me aten y me empalen y me desfiguren y me rajen y me quemen y  me abismen y me pierdan para siempre.

Y sin embargo, es falsa la vieja creencia: el escorpión nunca se inmola con lo que crees para él y es para ti, veneno.

22 de enero de 2023

David Galán Parro

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