De repente ahí, tú, como milagro de Dios, ocurrencia improvisada, capricho del destino. Tú, que nadie esperaba. Acaso sin progenitores, concebida. Una chispa de ciega esperanza que la naturaleza prodiga sin dar razones. Eso parece cuando apareces y así transfigurada en mujer intrépida y noble enraízas tu sueño al mío, lo atas a mis pies y me aprontas la marcha sin miedos hacia las puertas de mi liberación.
Aún llevo la mirada incrédula de quien se siente tocado por una suerte inmerecida. Espero que mis incertidumbres no sean las trampas que den al traste con todo y que me devuelvan a ese remedo de vida en el que se representaba la magnificencia de un mundo moral de elegidos para la gloria. Falsa gloria de la que reniego cuando a través de tus ojos veo el fondo humilde y sin pretensiones que me regalas en cada segundo que apuras conmigo.
A tu lado camino mientras me susurras al oído: «No tengas miedo, tonto, la verdadera gloria esta delante de ti: ser el que quieras ser en todo momento.»
David Galán Parro
11 de enero de 2023