Si me odias, sé firme en tu odio. Que la firmeza sea la huella inequívoca de tu amor de antaño. Aunque hayas amado de manera desacertada por no saber amar. Eso no importa ahora. Somos ciegos en el amor y por ello, también en el odio. Que el error de tu odio no menoscabe su firmeza; y que ésta, en todos los aspectos de la vida, sea para mi un valor al que aspirar. Ya sabré yo con quién, dónde y cuándo aplicarla.
Si me odias, sé firme en tu odio. Que la firmeza, sea también la huella inequívoca de tus convicciones más profundas y, para ti, justas y verdaderas. Yo te quise amigo por esta otra firmeza: la de ser fiel a unos principios de vida. El que sean erróneos no importa ahora, como tampoco el atribuirte garante juez a la hora de prodigarlos sobre los demás. El hombre que busca la justicia puede muy bien caer en la injusticia y pese a todo, ser amado, y por ello exculpado. Alonso Quijano también fue amado y exculpado a lomos de Rocinante.
Si me odias, se firme en tu odio. No bajes la guardia. No retrocedas. Úsalo para inventar un chivo expiatorio con el que tapar tu realidad dolorosa y miserable que ya tal vez no tengas tiempo de afrontar. Eso es un alivio.
Pero si así no fuera y así un día tu odio cayera, y en ese día no alcanzaran tus fuerzas porque la vergüenza y la culpa te abruman, no te obligues a venir a mi, porque yo, aunque tú no lo sepas, estaré cerca de ti, para celebrar contigo la caída de tu odio y abrazarte con todo el dolor del mundo.
18 de diciembre de 2022
David Galán Parro
Palabras sacadas de lo más hondo de ti, palabras hermosas y dolorosas. Sé firme en tu camino amigo, ya casi está ahí.
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Gracias, amigo, Marcos. En ese camino espero verte siempre. A mí me tendrás. Un abrazo.
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