Vendaval

Entras como vendaval para arrancarlo todo. Lo anterior a ti eran pequeñas brisas en las que yo hacía concesiones para simular o anticipar algo parecido a tu venida. Pero ¿cómo iba yo a saber de tu fuerza que todo lo devasta?

¿Qué me salvará ahora? 

No me salvan las voces muertas que habitan los libros, aunque en ellas se encuentre la sabiduría necesaria para sobrellevarte.

No me salvan las sonrisas satisfechas de los comensales, las botellas descorchadas escanciando su vino, las canciones en las mesas donde me pierdo para olvidarte un instante. 

No me salvan las auroras que dan nacimiento al mar de cada día. 

Estas en mi pecho, sobre cada respiración, doliendo,  haciéndome saber que no son de otro estos pulmones que  ansiando el aire muerden despiadados mi corazón. Te llevo inevitablemente conmigo.

Y yo me pregunto: ¿cómo me salvaré después cuando, tras el vendaval que eres, todo sea volver sin ti a mi vida de trajes grises y apremiantes relojes vendidos a la rutina?

19 de diciembre

David Galán Parro

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