Lo externo y lo interno (1)

Fachada de la Iglesia de San Carlo de Las Cuatro Fuentes

Estoy visitando Roma. Me paro delante de la fachada que preside la Iglesia de San Carlos de las Cuatro Fuentes.  La miro detenidamente. Su materialidad conformada se enfrenta a mí como una realidad exterior. Es de día. La luz permite que su valor referencial, su imagen, se proyecte y refleje en mi retina. La Iglesia de San Carlos renace ahora en mí. Se duplica en mí. La hago mía. Inmaterial, ahora yace también en el interior de mi conciencia. Sin embargo, mi visión y mi conciencia son algo más que una cámara fotográfica. No quedan reducidos a un simple fenómeno óptico.

Antes de visitar Roma me hice con el libro Renacimiento y Barroco de H. Wölfflin. Mientras observo la Iglesia de San Carlos de las Cuatro Fuentes, rememoro las palabras de H. Wölfflin. Efectivamente, se me presenta como una arquitectura barroca, dinámica, en movimiento, donde las líneas viven en libertad, rompiendo las anteriores reglas impuestas por el Renacimiento. Siento en mi interior una gran emoción al comprobar que la belleza que ante mí se alza no tiene una vida reposada y tranquila, ya que las masas que la conforman parecen retorcerse inquietas, en apasionados flujos y reflujos, modificando sus formas a cada instante.

Ya, de nuevo, en casa pienso en la experiencia vivida. Me represento de nuevo la fachada de la iglesia en su nueva existencia interna e independiente. Sin embargo, la acojo en mi interior como algo más que una mera imagen percibida en su día. Ahora es también experiencia vivida que altera mi sensibilidad. Es la expresión particular y concreta de la belleza arquitectónica realizada por el hombre que me causa admiración y dicha, que me provoca, al mismo tiempo, pensar y sentir.

Ramón Galán. Las Palmas. Agosto 2022

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