La carta de agradecimiento

El día del alta la madre de Zoyo le dijo al Dr. X: 

—¿Cómo puedo agradecerles todo lo que han hecho por la niña? 

La respuesta fue inmediata: 

—No se preocupe, nos basta con el trabajo realizado. 

Después llegó un momento de silencio. Y otra respuesta: 

—¿Podría contarnos como ha vivido el ingreso de Zoyo. 

A la semana, cuando volvió al hospital con su hija, le entregó la carta.

La carta de la madre de Zoyo: “El día 31 de diciembre Zoyo, mi hija, tenía la pierna hinchada. Llevaba unos días con los dedos un poco hinchados. Le puse el pie en alto y Trombosin pero al verle toda la pierna así, llame al médico de guardia. La miró y enseguida me mandó al Hospital y me mandó la ambulancia para que se moviera lo menos posible.

     En urgencias nos atendieron rápido, localizaron al radiólogo y rápidamente le hicieron una ecografía para ver donde tenía los trombos. Por la noche ya estaba en planta. Es necesario que mantenga el pie elevado y en reposo.

     Yo tenia miedo porque a la niña, hasta ahora la llevaban al Hospital de pediatría por déficit de la enzima deshidrogenasa de 3-hidroxiacilcoenima A de cadena larga, una enfermedad de las llamadas “raras”.

     Llamé al médico por si hacia falta que explicara algo de su enfermedad y sus problemas de hipoglucemia, miocardiopatía etc

     Tuve problemas con algún medico de guardia.

     Estaba asustada y cansada cada vez veía a Zoyo peor pero siempre pensaba que iba a salir para adelante.

     Una noche la niña estaba malita. Le dije a la enfermera que llamara al médico y de una manera brutal me dijo que la niña estaba en estado terminal. Esta vez si que me fui abajo.

     Ya conocía al Dr X pues me dijo que era el medico que llevaba a la niña (no me acuerdo bien el día que fue) pero apareció todo enfadado. Me llamó a su despacho y me dijo que no quería oír hablar con tristeza ni con desanimo que la niña tenía bien sus órganos y que mientras eso siguiera así iba a luchar. Llamó a la psicóloga y a la supervisora. Estuvo un buen rato hablando con ellas, me ayudó mucho.

     Me pasaron a una habitación individual incluso me ofrecieron una cama para que pudiera descansar. Yo no salía del hospital, quería estar con la niña y aprovechar cada minuto con ella. También me llevaban la comida.

     Pero estaba cansada y me sentía mal. Le hice caso a Y, la supervisora, y se lo dije a mis hermanas. Una de ellas, se quedó una semana conmigo y descansé. Me sentía mejor.

     Una de las cosas más duras para mí fue ver como el médico que había llevado a la niña arrojaba la toalla. Ya no sabía que hacer; pero ahí estaba el Dr X a pesar de que le tocó “bailar con la más fea”, ya que a nadie le hubiera gustado estar en el lugar de él.

     La niña no toleró la sonda nasogástrica, pero otra vez gracias al Dr. X, la niña tiró para adelante. Le mandó administrar la nutrición parenteral, le mandó también la fisioterapeuta que la ayuda mucho tanto físicamente como moralmente; a Soyo le tiene mucho cariño y habla mucho con ella.

     Pero otra vez se pone malita por una insuficiencia cardiaca: la niña desde pequeña padece una cardiopatía.

El Dr. X, su médico ahora, le mandó repetir el ecocardiograma y vio lo que pasaba. Me ayudó mucho y a la niña en todos los sentidos. Puedo hablar con él con confianza incluso serenamente cuando la niña estaba en estado crítico también.

     Zoyo me da seguridad. Siempre ha luchado como una “jabata” y se merece que yo esté serena a su lado, es una niña muy lista y se da cuenta de todo siempre que le preguntan «¿cómo estas?», ella dice «voy a ver si escapo» y como esta mil anécdotas.

     Hace una semana que la niña está en casa. Parece mentira pero así es, yo sé que la tengo “prestada” pero todavía la tengo. GRACIAS Dr X, Dra A y  Dra B que  siempre tenían una sonrisa para la niña y para mi y a las que Zoyo adora. GRACIAS también a todas las enfermeras, auxiliares, celadores incluso a las niñas de la limpieza. Todas nos ayudaron. Quizá tengamos que vernos otra vez.

     Gracias Dr. X otra vez y doctoras A y B porque con pocos médicos se puede hablar mirándolos a los ojos y que te miren también a ti. 

GRACIAS   

Firma de la madre de Zoyo.

      La firmante nunca preguntó: «¿estando usted siempre tan sereno porqué apareció todo enfadado, nos llevó al despacho y nos habló con tanta tierna dureza?»

      El Dr. X nunca le habría dicho: hace unos minutos el Dr. que no eleva su inteligencia ni un palmo del suelo me llamó alertado por la enfermera jefe. Desde la ignorancia de la enfermedad de su hija y del estado clínico en el que se encontraba me dijo que la dejara tranquila, que se estaba muriendo. Tampoco le hubiese dicho nunca que  le preguntó «¿Y de que se está muriendo Zoyo?»  El Dr. ignorante le contestó: «de debilidad». Tampoco le hubiera dicho que la enfermera que estaba cuidando ese día a su hija había prohibido a las Dras.  A y B, que su hija tanto adora, que pasaran visita. Zoyo se estaba muriendo y no había que importunarla. Tampoco le habría dicho nunca que el Dr. que cuidó a su hija desde niña nos había dicho que no sabía la causa por la que Zoyo había empeorado tanto, que nos dijo que había llegado el final. Tampoco le habría contado otros hechos que habrían quebrado su agradecimiento.

    Tampoco le hubiera contado otras historias parecidas, en alguna medida, a la de Zoyo.

    Zoyo, que entonces tenía catorce años, terminó sus estudios y se gana la vida. No ha precisado asistencia hospitalaria después de 20 años.

¡Ay! ¡Cuanta ignorancia hay en la sabiduría!

Jerónimo Artiles Vizcaíno

13 de mayo de 2022

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