
He visualizado varios cuadros de Dmitry Spiros, pintor impresionista ruso. Este es uno de ellos. En un primer instante, sentí como si el color se desbordara más allá de los límites impuestos por la figura, se desparramara, lo inundara todo y se proyectase sobre mí como un intenso fogonazo de luz y color.
Comparto con Francisco Umpiérrez, que las pinturas que representan paisajes urbanos tienen más vida y, sobre todo, más movimiento que aquellos que muestran la naturaleza sin presencia del hombre. Este tipo de cuadros expresan dinamismo y no quietud. Parecen imágenes durante un instante congeladas, pero solicitando a nuestros sentidos que le otorguemos el movimiento y la vida dinámica que para sí nos reclaman.
También me ha llamado la atención que los personajes que habitan en las pinturas de Dmitry Spiros, casi siempre aparecen de espaldas. Tal vez porque la expresión del rostro no desempeña aquí ninguna función.
Por último, el recurso de la lluvia, además de añadir una determinación al paisaje urbano, condiciona la existencia de los paraguas como elementos decorativos y, sobre todo, provoca que el suelo mojado por la lluvia, actúe como un espejo que duplica el mundo.
Nos deberían enseñar a utilizar la visión. Dejar abiertos los ojos al mundo para que dibuje sobre nuestras conciencias la vida tal como se nos ofrece. Sería otra forma de disfrutar de ella. En libertad y con alegría.
9 de febrero de 2022
Ramón Galán González